Una realidad, lograr cero emisiones al planeta
La empresa palmicultora, Gremca, ubicada en el Cesar y en Magdalena, en cuya junta directiva se sientan sus trabajadores, miembros del sindicato Sintraproaceites y dueños del 20% de la compañía, validó un resultado que la ubica por debajo de cero, frente a un promedio nacional de 182 kg y a cifras de miles de kilos en los grandes productores de Asia.
Producir aceite de palma y, al mismo tiempo, retirar de la atmósfera más gases de efecto invernadero de los que se emiten, es lo que acaba de validar Gremca, Agricultura y energía Sostenible, S.A., empresa palmicultora con operaciones en El Copey (Cesar) y Algarrobo (Magdalena): su huella de carbono es negativa, de -39 kilogramos de CO₂ equivalente por cada tonelada de aceite producido.
El resultado fue ratificado en las auditorías más recientes bajo los estándares internacionales RSPO (Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible) e ISCC (Certificación Internacional de Sostenibilidad y Carbono), los mismos que exigen los compradores más rigurosos del mundo, explicó Oscar Cifuentes Vargas, gerente general de Gremca.
“Este resultado reafirma nuestro compromiso con la sostenibilidad y con una producción de aceite de palma cada vez más responsable”, señaló el directivo.
¿Qué es una huella de carbono negativa?
Pensemos en una cuenta bancaria del clima. De un lado están los “retiros”: los gases que una empresa emite al usar combustibles, fertilizantes, maquinaria o al tratar sus residuos. Del otro, los “depósitos”: el carbono que sus cultivos y ecosistemas capturan y las emisiones que logra evitar. Si los retiros superan a los depósitos, la huella es positiva, que es lo habitual en la industria. Si se igualan, la empresa es carbono neutral. Y si los depósitos son mayores, la huella es negativa: la operación deja la atmósfera con menos carbono del que había.
En el caso de Gremca, reporta que pasó de 1.243 kg CO₂/ton de aceite crudo en el año 2021 a −39 kg CO₂/ton de CPO en agosto de 2026.
Ese −39 kg CO₂/ton es precisamente lo que permite hablar de una huella neta negativa bajo su metodología de cálculo por cada tonelada de aceite de palma, que sale de sus instalaciones y llega al mercado con un saldo a favor del clima de -39 kilogramos de CO₂e, bajo el alcance y la metodología de cálculo aplicados y verificados en auditoría. En otras palabras, su producción no solo deja de contaminar: se convierte en un aporte a la mitigación del cambio climático.
Lo que logran algunos países, a escala de empresa
En el mundo solo hay tres países que se reconocen como carbono negativo: Panamá, Bután y Surinam. Sus bosques, manglares y coberturas vegetales absorben más gases de los que generan sus actividades humanas, y en 2021, durante la cumbre climática COP26 en Glasgow, firmaron una declaración conjunta para pedir mayor ambición global. Lo que esas naciones consiguen con millones de hectáreas de bosque, Gremca lo alcanza dentro de su propia operación agroindustrial y va un paso más allá: no solo reduce, sino que su balance queda por debajo de cero.
¿Cómo lo logró Gremca?
El resultado es fruto de un trabajo sostenido en los siguientes frentes:
• Captura el biogás de los residuos de la planta extractora: Gremca utiliza reactores anaerobios para capturar ese biogás y posteriormente lo emplea como combustible para generar electricidad. Esto tiene un doble efecto, ya que evita que el metano llegue a la atmósfera y reemplaza energía que de otro modo podría provenir de combustibles fósiles.
• Manejo de los subproductos: Gremca aprovecha los subproductos de la palma como biomasa (fibra, cuesco, tusa, etc.), los cuales los utiliza dentro de su estrategia energética, reduciendo la necesidad de combustibles convencionales. La propia compañía reporta un esquema de energías renovables que combina solar, biogás y biomasa, con una capacidad conjunta cercana a 4,8 MW.
• Eficiencia productiva: más aceite por hectárea y por unidad de energía significa menos emisiones por tonelada.
• Manejo responsable del cultivo: prácticas agronómicas que cuidan el suelo y optimizan el uso de insumos.
• Conservación de ecosistemas: áreas naturales protegidas que almacenan carbono y sostienen la biodiversidad.
Un punto importante: “huella negativa” no significa que la empresa no produzca emisiones; significa que, según el alcance y metodología de su inventario, el balance neto calculado resulta negativo.
Por qué importa para el negocio y para el país
El dato llega en un momento clave. A partir del 30 de diciembre de 2026, las medianas y grandes empresas que vendan aceite de palma a la Unión Europea deberán demostrar, con geolocalización de las parcelas, que su materia prima no proviene de tierras deforestadas después de 2020 (Reglamento EUDR). Al mismo tiempo, multinacionales de alimentos, cosmética y biocombustibles buscan reducir las emisiones de su cadena de suministro. Para ellas, comprar una materia prima con huella negativa no es solo una buena noticia ambiental: les ayuda a bajar su propia huella.
En el plano nacional, el carbono también empieza a tener más valor. Recientemente, el pasado 29 de septiembre, durante la Climate Week Medellín 2026, el ministro de Ambiente, Fabio Arjona, anunció la revocatoria del Decreto 973 de 2026, que reglamentaba los mercados de carbono, por razones jurídicas, y adelantó que propondrá en el Plan Nacional de Desarrollo recuperar el 100 % de la no causación del impuesto al carbono, hoy limitada al 50 %.
El objetivo, según el ministro, es fortalecer el mercado y movilizar inversión hacia la conservación. En ese escenario, las empresas que ya miden, reducen y verifican sus emisiones con estándares internacionales llegan mejor preparadas.
“Queremos compartir este logro con nuestros clientes, aliados y público en general, porque es una oportunidad para avanzar juntos hacia cadenas de suministro con menor impacto climático, mayor trazabilidad y mejores estándares de sostenibilidad. Seguiremos trabajando para que nuestros productos contribuyan cada vez más a una economía baja en carbono”, expuso Oscar Cifuentes Vargas.
Una empresa donde los trabajadores también deciden
El resultado ambiental de Gremca tiene un componente humano poco común en la agroindustria colombiana: su sindicato es dueño del 20 % de la compañía y su dirigencia tiene asiento en la junta directiva. Eso significa que las decisiones que llevaron a una huella negativa se tomaron con los trabajadores en la mesa, y que el valor que hoy genera la sostenibilidad también se reparte entre quienes trabajan la tierra en el Cesar y el Magdalena.
