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Jóvenes defienden Santuario ecológico de Iguaque y promueven ecoturismo responsable
Jóvenes defienden Santuario ecológico de Iguaque y promueven ecoturismo responsable

La ‘oficina’ de Carlos William Gómez Garzón, un emprendedor ambiental de Arcabuco (Boyacá), es motivo de envidia para quienes lo conocen, según narra la periodista olga Cecilia Guerrero en el portal web Prensa verde.

El eje central de la historia de cuenta de seis jóvenes que desarrollan una empresa comunitaria que presta sus servicios en el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque y en seis años han atendido a 2.450 visitantes.

Para llegar allí, hay que tomar un sendero rodeado de árboles de cucharo, mano de oso y una que otra orquídea. La caminata es ambientada por el canto de pájaros y el sonido de la quebrada Carrizal a donde se llega subiendo lentamente por decenas de escalinatas de piedra, entapetadas en musgo, líquenes y pequeñas florecillas de vivos colores.

William la describe como ‘un atractivo impresionantemente planetario’. Su despacho es el gran Santuario de Fauna y Flora de Iguaque, ubicado a 30 minutos de Villa de Leyva, en Boyacá, a una distancia de 165 kilómetros de Bogotá.

Allí está presente el bosque andino, el subpáramo y el páramo a una altura entre los 2.400 a los 3.800 m.s.n.m., con 6.750 hectáreas, ecosistemas que brindan agua a unas 35.000 personas de varios municipios.

En esta área protegida, una de las 58 adscritas al Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia, es donde desarrolla su sueño: laborar en Naturar Iguaque, un modelo de turismo comunitario auspiciado por la Unidad de Parques Nacionales.

“Nací en Arcabuco, pueblo que en lengua chibcha significa ‘matorral espeso’, un sitio de imponentes montañas, donde abundan los robledales más conservados que existen en la cordillera Oriental. Por eso siempre soñé con que la gente algún día quisiera pagar por ver paisaje, un sueño que se está cumpliendo”.

La empresa comunitaria de servicios de ecoturismo nació en la época en que el Santuario de Iguaque iba a ser entregado en concesión a una empresa multinacional para que lo administrara. Ante esto, surgió un movimiento social local en el que finalmente se llamó a la comunidad a participar.

En 2008, 21 campesinos de la organización comunitaria, liderados por William, comenzaron a usufructuar estos terrenos del Estado, prestando servicios de hospedaje, restaurante, camping y guianza a la laguna sagrada de Iguaque.

Seis años después, de los 21 trabajadores quedan seis, porque el tipo de labor hace que el flujo de ingresos no sea constante. “Los que persistimos tenemos actividades alternas complementarias como la producción de alimentos orgánicos que son comercializados en el municipio o procesados en el Santuario”, explica William.

Según este boyacense, el proceso de turismo comunitario hace seis años era una total locura, pese a que estaba normatizado. “Fue casi una utopía que se convirtió en un aprendizaje continuo tanto de Parques como de nosotros. El primer gran golpe fue llegar a ser formal pues desconocíamos temas administrativos y legales. Hoy ya hemos hecho camino, tanto que este año participamos en el IV Encuentro de Turismo Comunitario, en el que vimos que el país ya está hablando del tema, eso es un gran avance”.

Tan pronto se constituyeron como empresa, acudieron a capacitaciones en cocina, atención al cliente y administración en el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) entidad a la que consideran como uno de sus primeros aliados. Luego, apareció el Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez y la cadena hotelera GHL, gracias a los cuales aprendieron sobre protocolos de alojamiento.

“El mercado ha sido a punta de equivocaciones. Sin embargo, contamos con clientes excepcionales: la gente que le gusta el ecoturismo, y si ellos ven que hay un local que está enamorado de su territorio, más lo apoyan”.

Desde 2008, Yasmín, Kelly, Johana, Yuli, Pedro y William han atendido a 2.450 visitantes nacionales y extranjeros en el Santuario, con quienes además de lazos han construido un cúmulo de experiencias, anécdotas e historias.

El Santuario cuenta con un Centro de Visitantes construido en 1989, con capacidad para 48 camas, en acomodación sencilla. Abre los 365 días del año y está disponible para esos ecoturistas que llegan sin avisar, por ejemplo un miércoles a las 5:30 de tarde.

“Este año apareció un angelito, el Fondo Biocomercio, que nos encontró en el camino y nos dijo: ustedes necesitan ser visibles. Ellos permitieron que nos miráramos al espejo y así saber con certeza nuestras fallas, logros y necesidades”.

El Fondo invitó a 14 grupos de emprenderismo de varias regiones de Colombia a una gira por diferentes sitios turísticos de Ecuador para que conocieran esos modelos ecoturísticos.

“El resultado de esta experiencia es grande y en varios aspectos: Si amas tu actividad debes ponerle mucho trabajo, no hay que quererlo solamente. También, no necesitas perder la identidad, pero si debes utilizar nuevas herramientas, en este caso una segunda lengua: el inglés. Nosotros no lo habíamos visto así, y en Ecuador este aspecto se maneja muy bien y vimos que trae grandes beneficios. Lo otro es que el emprendedor allá ve el resultado de la acción del Gobierno, se irradia de arriba hacia abajo. Aquí tenemos que colarnos en los espacios de Gobierno, no hay líneas claras”.

Después del recorrido, el Fondo los apoyará para aplicar junto con otras organizaciones comunitarias  similares que funcionan en Chingaza, Otún-Quimbaya, Cocuy, Islas de Rosario y La Marcarena, para la obtención de recursos del Fondo de Promoción Turística.

Mientras esto ocurre, William, seguirá tejiendo su sueño inspirado en el verde paisaje de Iguaque, subiendo por el tapete rocoso forrado en musgo y trabajando para que su ‘oficina’ siga siendo envidiada por muchos más visitantes.

 


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